Hay empresas que siguen trabajando su captación y sus ventas apostándolo todo a la memoria y a la intuición. Y claro, pasa lo que pasa… Leads que se enfrían, datos duplicados, seguimientos que se quedan a medias, automatizaciones que no hablan entre sí y equipos de marketing y ventas que parecen vivir en universos paralelos.
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Vamos a dibujar una situación demasiado cotidiana en el sector inmobiliario: entra un lead, respondes tarde por el motivo que sea, el contacto se enfría, el CRM se queda a medias y, cuando te das cuenta, ya no sabes si esa persona quería comprar, alquilar, invertir… o si solo estaba curioseando a las once de la noche desde Idealista.
Hubo un tiempo (no hace tanto) en el que tener un chatbot simple en una web era lo más de lo más. Luego llegó ChatGPT, nos voló un poco la cabeza y, de repente, todas las empresas empezaron a mirar a la IA con una mezcla curiosa de ilusión, prisa y “a ver si esto me quita trabajo del repetitivo”.
Hubo un momento en el que ChatGPT parecía un juguete con el que entretenerse en el trabajo. Un “¡mira lo que hace esto!”. Pero hoy, ese juguete está metido (o debería estarlo) en el día a día de cualquier equipo de marketing que no quiera quedarse atrás. También hubo un tiempo en el que la discusión era si usarlo o no. Pero se zanjó enseguida. Había que usarlo.
